
Acababa de cumplir 10 años cuando tuve mi primera "compiche" entre las compañeras de la escuela.
Nuestra amistad se convirtió en lo más importante para mí, y como por naturaleza soy muy apegada a todo lo que considero de mi pertenencia, sufria violentos accesos de celos cuando ella
se interesaba en algo que no me incluía a mí. El resultado natural era que mi amiguita se enojaba por esa injusta actitud y acababamos riñendo.
Mamá se dio cuenta de lo que pasaba de lo que pasaba. Cierto día, cuando estabamos ella y yo admirando unos pollitos recién salidos del cascarón, alcé uno y lo apreté con tal fuerza que poco faltó para que lo asfixiara, luchó por escaparse, naturalmenteacabó consiguiéndolo.
Mamá sin dar importancia me dijo:
Si tomas un pollito en la mano y lo tratas de retener apretándolo, luchará por escparse. Ensaya retener uno sin hacerle fuerza y ya verás.
Así lo hice y el pollito permaneció quieto y feliz en la palma de mi mano abierta. Mamá aprovechó para dar el golpe que quería:
-Sabes, queridita, la gente es lo mismo que los pollitos. Si mantenemos a las personas queridas demasiado sujetasdas a nosotros, lucharán por liberarsar. Si las tenemos en la mano abierta, no se sentirán asfixiadas.
La lección dio fruto. Aunque todavía siento a veces que los celos me impulsan, logro refrenarlos y evitar que slagan a la superficie evocando la imagen de un pollito quieto y felíz en la palma de mi mamo abierta.
(Barbara Boudreaux)